No me puedo cambiar por otra.

Aún queriendo, no puedo ser otra versión de mí. No me reconocería en el espejo. 
No nací molde ni copia, nací incendio pequeño, imperfecto y propio.

Si despierto encrispación en la gente no es mi problema y ¡vaya talento que tengo para eso! No me enorgullece y  la factura que me pasa la vida es muy elevada. 
No vine al mundo a ser almohada de egos ajenos ni espejo que devuelva siempre una imagen cómoda. Vine a ser yo, con mis bordes sin lijar y mi voz a veces ronca de tanto hablar.

Revísate. A lo mejor lo que te incomoda no es mi forma de estar, de ser, sino la tuya de sostenerte.
A lo mejor el ruido que te hago es el eco de algo que no quieres mirar. 

Yo no soy la herida de nadie, ni la voz de tus complejos. 

Yo camino ligera, con la verdad en mis bolsillos y el alma despeinada como mi cabello.

Y si eso te raspa…
quizá no sea que yo esté mal hecha,
quizá es que tú no soportas ver a alguien que con tanta personalidad en tiempos en lo que todos pretenden seguir el mismo patrón.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

Mi metabolismo se ha vuelto lento, el azúcar una trampa, y mi cabeza una sabia que grita: ¡heeyy, no ignores esto más, por favooor! Llevo más de un año fortaleciendo mi voluntad en este aspecto y aun así, a las siete de la tarde, me sorprendo fantaseando con un donut o un helado de coco (que no me puedo permitir, pero soy débil.) 

 

Me he descubierto intentando negar lo evidente: estoy cambiando. Debo aceptarlo de una vez por todas. Mi cuerpo ya no responde igual; ya no me perdona los excesos, ni el poquito, menos los trasnochos. Me pide otra cosa: bienestar y conciencia plena de cosas que ya no puedo comer. Uff!! con lo que me encanta a mí...


No sé si a ti también te pasa, pero hay días en los que aceptar ese cambio se siente como una gran batalla. Comer saludable está genial, pero basta a que lo pongas en práctica para que el síndrome de la abstinencia se apodere de ti. 

 

No quiero cuidarme sintiendo que es un castigo. ¿A tí también te pasa? No obstante, te quiero decir —así como me lo repito— Hay que aprender a hacer las paces con los que antes nos daba placer y ahora, nos pasa factura.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

¡Acéptalo!

Nadie promete el mañana

Me encanta la canción de Bruno Mars con Lady Gaga: DIE WITH SMILE- Una de las frases que más me ha tocado es la -Nobody´s promised tomorrow- Es verdad, nadie nos promete el mañana. Eso lo sabemos. Sin embargo, actuamos como si alguien no los debiera. Posponemos llamadas, abrazos, decisiones, risas y momentos felices. Vivimos encaprichados con problemas, enganchados a las comparaciones, volteando siempre a ver en los demás lo que supuestamente nos falta y así dejamos pasar el ahora, convencidos de que llegará el mañana y estaremos más conformes. Está bien vivir con fe, pero no por el simple hecho de sobrevivirle al lunes, la vida nos tiene que dar el martes envuelto en papel de regalo. Creemos que el tiempo nos debe certezas y la cortesía de esperar. Y no, el mañana no es un premio por haberte portado bien, ni encabeza la lista de los derechos universales. No sé porqué vivimos con tanta fe en lo incierto y con mucha inconformidad en el presente, si no tenemos nada garantizado. Ni postergar lo que te importa, ni aparcar tus sueños o aguantar solo por sobrevivir, te asegura que haya un futuro esperando o algún comodín para reclamarlo. El mañana no viene con suscripción automática. No seamos ingenuos: El hoy no tiene contrato de continuidad.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

Necesitaba grabar unas imágenes y mi esposo no pudo   acompañarme. Al principio me sentí rara, porque no suelo hacer “el postureo” sola. Sentí el peso de todas las miradas, como si cuestionaran lo que iba a pasar… aunque, en realidad, nadie me miraba.

 

 La vergüenza quiso atarme las manos, pero algo dentro de mí, me empujó a quedarme. Entonces el parque dispuso un escenario cómplice: la luz perfecta, el verde intenso, el agua en calma y un espacio solo para mí. Monté el trípode, grabé, me enfoqué… y regresé a casa con el corazón lleno. Nuevamente, el  universo me dijo: no necesitas permiso para ser tú.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

Sin permiso para expresarme

Desordenada por dentro

Aunque aparente calma, aquí estoy: desordenada, confundida, con el glamour emocional bien envuelto. Disfrazado entre papel bonito y bolsas de boutique cara, para maquillar el caos emocional que me produce fingir que mis ideas están  bajo control. Mil cosas por hacer y cero ganas de hacerlas. No quiero que el mundo me vea hecha trizas… pero ¡eh, mundo! tampoco soy de piedra. Te advierto, puedo ser flor silvestre: de las que brotan sin permiso y en terrenos             improbables.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

El mundo gira y yo finjo no marearme

No estoy viviendo otra vida, solo que esta cada vez se parece menos a lo que imaginaba años atrás.

 

La vida moderna se me está convirtiendo en esto: 

correr para no parecer lenta, tragar contenido para no quedar 

desactualizada, ir detrás de las tendencias para no convertirme en un fósil digital. Mientras tanto… hago scroll y finjo que estoy bien. Todo en orden.


Solo que me está fallando un poco el equilibrio.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

Reír no cuesta

Ríe con el alma, a carcajadas tan sonoras y explosivas que el eco alcance a despeinar al viento. Ríe al tropezar con las ironías de la vida, por los recuerdos, los anhelos, las travesuras, las fantasías, y al ver cómo la elocuencia se burla de sí misma. También ríe a solas, sin espectadores ni aplausos, e incluso con lágrimas, porque reír es una manera de celebrar y de darle las gracias al momento por existir.

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.