LA PAZ DEBE IMPONERSE… SIN CENSURAS

Hoy me he despertado y, revisando un poco las noticias, me he enterado de que le han concedido el Premio Nobel de la Paz a la venezolana María Corina Machado. Primera mujer en la historia de nuestro país en tener tan importante galardon, ¡Guau! Qué gran noticia para ella, para el país y, sobre todo, para el mundo. Ya era hora de celebrar algo positivo, trascendental, aunque muchos lo hagan en la intimidad y en estricto “silencio”. No olvidemos que quienes están allá no pueden hacer alarde de semejante alegría. Imagínate, en estos tiempos uno no sabe si el vecino podría venderte a la policía represiva del país… o brindar contigo. Quienes sí podemos celebrarlo, tenemos el corazón infladísimo de orgullo.

 

Aun así, espero que este premio no empañe la labor silenciosa de quienes siguen resistiendo desde dentro. No es un misterio que hay piezas moviéndose; no sabemos si estamos al principio o en el desenlace de esta novela. Lo cierto es que todos los venezolanos compartimos la misma sed: acabar con esto, despertar de esta pesadilla, poder reconstruirnos y volver a reencontrarnos en un diciembre con ese olor a hallacas, pernil y pan de jamón.

 

Me alegra profundamente que el nombre de mi país sea reinvidicado a través del nombre de esta mujer. Sin embargo, no quiero caer en romanticismos ni idealizar a nadie, porque todavía no hemos materializado lo que soñamos. No obstante, me permito, por un momento, volver a creer. Volver a imaginar un país honrado, porque todos merecemos vivir dignamente. Y esa ilusión, esa esperanza, la ha devuelto esa valiente mujer venezolana. Ella está convencida de que saldremos de esto. En primer lugar, porque está en juego su libertad; en segundo, porque se cansó —como tantos millones de venezolanos— del ninguneo, la trampa, el fracaso social al que nos ha llevado el régimen y la eterna raya negativa sobre nuestro gentilicio.

 

Esta mujer está llevando gotas de esperanza a una sociedad que desconfía de sus políticos. Está alimentando al pueblo con un mensaje positivo y entusiasta desde la clandestinidad. ¡Bravo, Machado, tienes poderío, y esto será hasta el final!

 

Y ya que hablamos de esperanza, celebro también el alto al fuego entre Gaza e Israel. Ojalá esta tregua dure, se expanda y contagie a otros países que siguen en guerra. Por ejemplo, Rusia, que parece no tener intención de acabar con esa absurda guerra que tantas vidas inocentes se ha cobrado.

 

Las únicas imposiciones que deberíamos aceptar son las de la paz, el progreso y el bienestar. Pero ojo, sin ser los “buenos” de escaparate o los sumisos de turno. Hay que tener muy buena lupa para reconocer a esos que ondean sus banderas “pacíficas”. Existen muchos hombres y mujeres que, en nombre de la paz, no dejan espacio para nadie más. Y es curioso tropezarse con algunos así… que predican la paz con la misma fuerza con la que te callarían por pensar distinto. Porque imponer la paz con ego es como intentar apagar un incendio con gasolina: un espectáculo que, curiosamente, termina ardiendo igual.

 

 

Gracias por leer estas líneas. 

SG.-

 

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